El anticuario
El anticuario —Me temo, mi señor —dijo Oldbuck—, que le resultará complicado conciliar sus errantes hábitos con la aceptación de su ofrecimiento, o al menos sé que se ha dado la misma circunstancia sin que tuviese efecto. Para él, mendigar de unos y otros es su forma de ser independiente y lo prefiere a apoyarse en la caridad de una única persona. Es hasta tal punto un filósofo que desdeña todas las reglas convencionales relativas a las horas del dÃa. Come cuando tiene hambre, bebe cuando tiene sed, y duerme cuando está agotado, y muestra tal indiferencia a los medios y artilugios por los que los demás mortales nos llevamos las manos a la cabeza, que dudo mucho que haya tenido una mala cena o haya pasado una mala noche en toda su vida. Él es, en cierta medida, el oráculo de la región por donde viaja: el genealogista, el cronista, el maestro de los festejos, el curandero o el adivino. Le prometo que tiene tantas ocupaciones y se dedica a todas con tanto fervor que serÃa muy difÃcil sobornarlo para que renunciara a ellas. Pero lamentarÃa enormemente que encerrasen semanas a un pobre hombre como él, de espÃritu tan alegre. Estoy convencido de que el confinamiento le romperÃa el corazón.
Y de este modo concluyó la conferencia. Lord Glenallan, tras despedirse de las damas, renovó su oferta al capitán MacIntyre de practicar con total libertad la caza en sus tierras, la cual fue felizmente aceptada.