El anticuario
El anticuario —Solo me falta añadir —dijo el conde— que, siempre y cuando sus ánimos no sean susceptibles de languidecer en mi gris compañÃa, las puertas de la casa Glenallan estarán abiertas para ustedes en todo momento. Dos dÃas por semana, viernes y sábado, me quedo en mis dependencias, lo que serÃa un alivio para ustedes, ya que podrÃan disfrutar a sus anchas de la compañÃa de mi limosnero, el señor Gladsmoor, erudito y hombre de mundo.