El anticuario
El anticuario SÃ, amo la justicia, tanto como tú,
pero la dama, que es ciega, sabrá perdonarme
si, con el tiempo y la razón, mudo me quedase;
pues el resuello que ahora escapa de mà jamás podrá
despojarme de mi resuello en el futuro.
Antigua obra
Gracias a la caridad de la gente del pueblo que le habÃa procurado provisiones para su encierro, Edie Ochiltree habÃa pasado sin demasiado desasosiego un par de dÃas en prisión, sin lamentar apenas su falta de libertad, ya que además el tiempo habÃa sido lluvioso y triste.
—La cárcel —decÃa— no es un lugar tan terrible como dicen. Aquà tienes un buen tejado para resguardarte de la lluvia, y la falta de vidrios en las ventanas permite la entrada de una agradable brisa veraniega. Y hay gente de sobra con la que hablar, y pan suficiente que llevarse a la boca, ¿qué necesidad hay de preocuparse por otra cosa?
El coraje de nuestro filosófico mendigo empezó no obstante a decaer cuando los rayos de sol se filtraron a través de las oxidadas rejas de su decadente calabozo, mientras un desventurado pardillo cuya jaula colgaba de la ventana gracias al permiso otorgado a algún pobre preso por deudas empezaba a saludarle con sus silbidos.
