El anticuario
El anticuario —Aquà se encuentra un viejo amigo mÃo llamado Edie Ochiltree, a quien algunos de sus mirmidones han detenido a cuenta de un presunto asalto al señor Dousterswivel, de quien no creo ni una sola palabra.
En este punto el magistrado adoptó un semblante muy serio.
—DeberÃa saber que ha sido acusado de robo con agresión, una cuestión muy grave de hecho; muy rara vez tengo que interrogar a delincuentes de este tipo.
—Y usted —repuso Oldbuck— aprovecha tenazmente la oportunidad de hacer que asà sea. Pero ¿es en realidad tan grave el caso de este pobre anciano?
—Es bastante fuera de lo común —respondió el magistrado—, pero, como usted forma parte de la comisión, Monkbarns, no vacilaré en mostrarle la declaración de Dousterswivel y el resto de las precogniciones[260].
Y, diciendo esto, entregó los documentos al anticuario, el cual echó mano a sus lentes y se sentó en una esquina para examinarlos. Los agentes, entretanto, habÃan recibido órdenes de trasladar al preso a otra dependencia, pero, antes de que pudiesen hacerlo, MacIntyre tuvo ocasión de saludar a Edie y de darle una guinea en mano.