El anticuario
El anticuario Ni robo ni acuñación
los cargos que se me imputan,
mas del sepulcro nacía una nueva vida
de riquezas desconocidas.
Un justo intercambio jamás fue robo,
nada más lejos, pura recompensa.
Antigua obra
El anticuario, haciendo uso del permiso obtenido para interrogar a la parte acusada, optó por ir en persona a la celda donde se encontraba Ochiltree, en vez de traerlo a la sala del magistrado, con el fin de rebajar la formalidad del interrogatorio. Encontró al anciano sentado junto a una ventana con vistas al mar; mientras miraba a través de ella, grandes lágrimas se abrieron paso desde sus ojos y resbalaron por sus mejillas hasta caer en su blanca barba. No obstante, sus rasgos mostraban calma y entereza, y su postura y semblante indicaban paciencia y resignación. Oldbuck se había acercado a él sin ser visto, y lo despertó de su estado meditabundo diciendo con amabilidad:
—Siento mucho, Edie, verte tan abatido por este asunto.
El mendigo se recompuso, se secó los ojos rápidamente con la manga de su traje y, tratando de recuperar su habitual tono de indiferencia y jocosidad, respondió, aunque con una voz más trémula de lo normal:
