El anticuario
El anticuario —¡Qué bien viven los soldados! —exclamó entre jadeos mientras se tomaba a cucharazos una reconfortante sopa de tortuga.
Pidió un tentempié similar para Oldbuck, pero éste —al no ser hombre castrense y no querer romper el horario de sus comidas— lo declinó.
—Los soldados como usted, magistrado, deben aprovechar cualquier momento para alimentarse. Lamento decir que me han llegado malas noticias del bergantÃn del joven Taffril.
—¡Oh, pobre muchacho! —dijo el magistrado—. Era un hombre ejemplar en la ciudad que destacó por su valor el primero de junio[269].
—Pero —interrumpió Oldbuck— su uso del pretérito cuando habla de él me resulta sumamente inquietante.
—Cierto, me temo que existen muchas razones para ello, Monkbarns; aun asÃ, esperemos que no haya pasado nada malo. Por lo visto el accidente se produjo en los arrecifes de Rattray, unas veinte millas al norte, cerca de la bahÃa de Dirtenalan. He ordenado que investiguen el asunto, y su sobrino ha salido a toda prisa, como si fuese en busca de la gaceta que anunciase una victoria.
En ese momento apareció Hector exclamando:
—Creo que es todo una maldita mentira, nadie ha confirmado nada oficialmente; son solo rumores.