El anticuario
El anticuario —El propio lord Glenallan me lo dijo —respondió el anticuario—; asà que no ha habido delator ni quebrantamiento de confianza por su parte, y, puesto que él quiere que la interrogue sobre algunos asuntos familiares de cierta relevancia, te he elegido para que me acompañes, ya que, en la situación de esta mujer, a caballo entre el deterioro mental y la cordura, es posible que tu voz y tu imagen pongan en marcha los trenes del recuerdo que de otra manera no tendrÃan forma de arrancar. La mente humana… ¿Qué estás haciendo, Hector?
—Estaba silbándole al perro, señor —respondió el capitán—, siempre se va a la quinta puñeta… Ya le dije que yo acabarÃa siendo un estorbo para usted.
—En absoluto, en absoluto —dijo Oldbuck con el fin de reanudar cuanto antes el asunto de su disquisición—. La mente humana ha de tratarse como una madeja de hilo de seda, y es necesario asegurar con precaución un extremo antes de poder desenredarla.