El anticuario
El anticuario —Poco o nada sé de la mente humana —indicó el mendigo—: lo que sà sé es que, como esa mujer siga siendo quien yo conocÃ, o algo parecido a lo que yo conocÃ, tal vez sea ella la que nos enrede a nosotros. Da miedo verla y oÃrla cuando agita los brazos y se pone a hablar como una energúmena, que parece que estuviese recitando un libro… quién lo dirÃa, la anciana mujer de un pescador, si me saca más de diez años… Pero es cierto, recibió una educación excelente antes de casarse, por cierto, por debajo de sus posibilidades. Aun asà hicieron lo posible por darle bombo y platillo a un matrimonio de tres al cuarto con Simon Meiklebackit, el padre de Saunders, como si hubiese sido una dama de la aristocracia. Entonces volvió a recibir el favor de la condesa para después perderlo de nuevo; yo mismo oà decir a su hijo, cuando era un niño, que llegaron a amasar una gran fortuna; finalmente abandonaron los dominios de la condesa y se establecieron aquÃ. Pero las cosas nunca les llegaron a ir bien. De todas formas, ella es una mujer muy bien formada; eso sÃ, como saque su lado energúmeno, cosa que le ha pasado alguna vez que otra, es posible que nos deje a todos con la boca abierta.