El anticuario
El anticuario La vida flaquea en la edad vetusta, inadvertida y silenciosa
cual lentas olas de marea muerta que dejan varada la galera,
la que antaño se mecía feliz al menor impulso
del viento, de las olas, asienta ahora su quilla
sobre la blanca arena; y su mástil, perpendicular
al cielo, de sus antiguos vaivenes ya no se acuerda.
Las olas pierden fuerza, apenas a rozarla llegan
y así, postrada en la arena, dirá adiós a la vida,
inútil, petrificada.
Antigua obra
Cuando el anticuario alzó la aldaba de la cabaña, se sorprendió al oír la aguda y trémula voz de Elspeth entonando una antigua balada con una declamación salvaje y lúgubre.
El arenque ama la luz de la luna,
a la caballa, el viento le pierde,
mas la ostra, la honda canción adora
pues de noble estirpe procede.
