El anticuario
El anticuario Como buen coleccionista de estos legendarios retazos de poesÃa antigua, su pies se negaron a cruzar el umbral atendiendo a las órdenes de sus cautivados oÃdos e, instintivamente, echó mano del lápiz y de su cuaderno de notas. Por momentos, la mujer hablaba como si estuviese dirigiéndose a un grupo de niños:
—¡Silencio, granujillas! ¡Chis, chis! Callaos y os contaré otro aún mejor…
Marido y mujer, mordeos ambos la lengua,
y presten atención, grandes y pequeños,
les hablaré del conde de Glenallan
que luchó en la batalla de Harlaw.
Lloraron la muerte de Bannachie
la de Don y la de todos;
la aflicción se extiende de norte a sur
por la dolorosa batalla de Harlaw.
»No recuerdo bien el siguiente verso, la memoria me falla, y extraños pensamientos se apoderan de mÃ, ¡que Dios nos libre de la tentación!
En este momento su voz se hundió en un murmullo indefinido.
—Es una balada histórica —dijo Oldbuck entusiasmado—, un fragmento auténtico y genuino de una canción juglaresca. Thomas Percy admirarÃa sin duda su simplicidad; en cuanto a Joseph Ritson, no podrÃa impugnar su autenticidad.