El anticuario
El anticuario Mientras Oldbuck les procuraba algunas indicaciones y les prometÃa su asistencia, un sirviente de sir Arthur que venÃa cabalgando detuvo su caballo cuando vio al anticuario.
—Ha ocurrido algo muy extraño en el castillo. —No quiso o no pudo explicar el qué—. La señorita Wardour me ha enviado expresamente a Monkbarns a rogarle que acuda sin perder un segundo.
—Me temo —dijo el anticuario— que el curso de otra vida también toca a su fin. ¿Qué puedo hacer yo?
—¿Que qué puede hacer, señor? —exclamó Hector con su habitual impaciencia—. Montarse en el caballo y salir corriendo; llegará al castillo de Knockwinnock en diez minutos.
—Es un caballo muy ligero —dijo el sirviente apeándose para ajustar la cincha y los estribos—. Solo da sacudidas si nota que lleva un peso muerto sobre su sillÃn.
—Pronto seré un peso muerto fuera de su sillÃn, amigo —dijo el anticuario—. ¿Por qué demonios estás tan harto de mÃ, sobrino? O ¿acaso crees que estoy tan harto de mi vida como para cabalgar sobre un bucéfalo como ése? No, no, amigo mÃo, si tengo que llegar hoy a Knockwinnock, será andando tranquilamente, cosa que haré sin mayor dilación. El capitán MacIntyre puede ir en ese animal si tal es su deseo.