El anticuario
El anticuario —No lo será —intervino Edie impaciente—, si consigo llegar a Tannonburgh. Por todos los santos, capitán, búsqueme la manera de llegar hasta allà y hará por esta pobre familia el mayor bien que se le haya hecho desde los dÃas del Manos Rojas, pues con más claridad que nunca este viejo sabe que la casa y los dominios de Knockwinnock serán perdidos y reconquistados en este dÃa.
—¿Por qué? ¿Qué bien puede usted hacer allÃ, anciano señor? —inquirió Hector.
Entonces, Robert, el criado con quien sir Arthur se habÃa disgustado tanto por la mañana, como si hubiese estado acechando la oportunidad de mostrar su fidelidad, se acercó rápidamente y le dijo a la señorita Wardour:
—PermÃtame decirle, señorita, que el anciano Ochiltree es un señor muy habilidoso, un zorro viejo, conoce remedios para curar a las vacas, a los caballos, sabe de todo. Estoy seguro de que si insiste tanto en ir hoy a Tannonburgh será por algo y, si a la señorita no le importa, yo podrÃa acercarle hasta allà en carreta, no tardaré más de una hora, y de este modo podré serle de alguna utilidad. Me dan ganas de morderme la lengua cuando pienso en lo de esta mañana.
—Te lo agradezco, Robert —respondió la señorita Wardour—, y si de veras crees que puede servir de algo…