El anticuario
El anticuario —¿Cuál de ellas, Monkbarns? —gritó la hermana, ofreciéndole un bracamarte romano de bronce en una mano, y una Andrea Ferrera[310] sin empuñadura en la otra.
—La más larga, la más larga —vociferó Jenny Rintherout, arrastrando una espada bastarda del siglo XII.
—Señoras —dijo Oldbuck tremendamente inquieto—, calma: no os dejéis llevar por el terror gratuito. ¿Estáis seguras de que vienen?
—¡SÃ, sÃ! —exclamó Jenny—, completamente seguras; todas nuestras defensas de mar y tierra, y los voluntarios y la caballerÃa, están preparadas: se dirigen a Fairport todo lo rápido que pueden sus caballos y hombres, y el viejo Meiklebackit también está con ellos, ay, madre mÃa, qué gran hombre, renunciando al luto para servir al rey y a su paÃs.
—Dame —dijo Oldbuck— la espada que mi padre llevó en el año 42, no tiene cincha ni bandolera, pero valdrá de todos modos.
Y diciendo esto se ciñó el arma a la cintura. En ese momento entró Hector, que habÃa subido a un promontorio cercano para comprobar que la alarma era de verdad.