El anticuario
El anticuario —¿Dónde están tus armas, sobrino? —exclamó Oldbuck—. ¿Dónde está tu célebre escopeta de dos cañones, esa que siempre tenÃas a mano cuando no habÃa necesidad de vanidad semejante[311]?
—¡Bah, señor! —dijo Hector—. ¿Quién es capaz de cazar un ave al vuelo? Mire, tengo el uniforme puesto, pero espero ser de más utilidad al mando de un batallón que con diez escopetas de dos cañones. Y usted, señor, debe ir a Fairport, para acuartelar y organizar a hombres y caballos y evitar confusiones.
—Tienes razón, Hector, emplearé a fondo tanto mi cabeza como mis manos. Y ya tenemos aquà a sir Arthur Wardour. Que quede entre nosotros, pero ni su cabeza ni sus manos dan para mucho.
Probablemente sir Arthur fuera de una opinión diferente, pues, dirigiéndose a Fairport ataviado en su uniforme de teniente, reclutó, de camino, al señor Oldbuck, quien, a tenor de los últimos acontecimientos, habÃa demostrado con creces la sagacidad por la que era conocido. Y, a pesar de que las mujeres no dejaron de rogarle al anticuario que se quedase a guarnecer Monkbarns, el señor Oldbuck y su sobrino aceptaron de inmediato la propuesta de sir Arthur.