El anticuario
El anticuario Tal era la escena de tumulto generalizado cuando sir Arthur Wardour, Oldbuck y Hector llegaron —no sin dificultades— a la plaza mayor, en la que estaba el Ayuntamiento. Estaba iluminada y, el cuerpo de magistrados, junto con numerosas personalidades del distrito, estaba allà reunido. Y en esta ocasión, al igual que en otras similares en Escocia, fue memorable cómo la buena disposición y el tesón del pueblo consiguieron suplir casi todas las deficiencias de la falta de experiencia.
Los magistrados eran acuciados por los oficiales de intendencia de los diferentes cuerpos para que diesen cobijo a hombres y caballos.
—PermÃtannos —decÃa el magistrado Littlejohn— alojar los caballos en nuestros cobertizos y a los hombres en nuestras casas; compartiremos la cena con unos y el forraje con otros. Hemos aumentado nuestra riqueza gracias a un gobierno libre y paternal, y ésta es la oportunidad de demostrar nuestra gratitud.
Todos los presentes expresaron su conformidad con gritos de ánimo, y fue unánime el deseo, sin distinción de rangos, de poner todos los bienes a disposición de la defensa del paÃs.