El anticuario
El anticuario El capitán MacIntyre actuó en esta ocasión como consejero militar y edecán del magistrado principal y dio muestras de un grado de presencia de ánimo y conocimiento de la profesión del todo inesperadas para su tÃo, quien, recordando su habitual insouciance[312] e impetuosidad, observaba con asombro la templanza y la firmeza con que explicaba las distintas medidas de precaución que debÃan tomarse según su experiencia y daba las instrucciones pertinentes para que fuesen ejecutadas. Encontró los diferentes cuerpos en perfecto orden, dada la heterogeneidad de sus miembros, elevados en número, en confianza y en entusiasmo. Y, de igual modo, la experiencia militar tuvo mayor peso en ese momento que ninguna otra cosa; tanto fue asà que al viejo Edie —en vez de abandonarlo como a Diógenes de Sinope, condenado a rodar en su tinaja mientras el resto se preparaba para la defensa— se le encomendó la misión de supervisar el suministro de munición, función que desempeñó con gran solicitud.
Aún faltaban por llegar dos cosas que se esperaban con gran impaciencia: la presencia de los voluntarios de Glenallan, los cuales, dada la importancia de la familia, formaban un cuerpo independiente, y la llegada del oficial del que antes se ha hablado, a quien el comandante en jefe habÃa asignado la estrategia defensiva en la costa, y a cuyo cargo y disposición se habÃan confiado todas las fuerzas militares.