El anticuario
El anticuario Por fin se oyeron los clarines de la caballerÃa de Glenallan, y al propio conde —para sorpresa de quienes eran conocedores de sus hábitos y de su estado de salud— cabalgando a la cabeza y uniformado. Formaban un escuadrón muy elegante y bien dispuesto, constituido Ãntegramente por arrendatarios de las tierras en las llanuras del conde. A ellos los seguÃa un regimiento de quinientos hombres reclutados en los altos valles, avanzando al son de sus gaitas y completamente ataviados con el uniforme escocés. La apariencia Ãntegra y servicial de esta tropa de subordinados feudales despertó la admiración del capitán MacIntyre; a su tÃo, sin embargo, le sorprendió más ver cómo, en una crisis como ésta, el veterano espÃritu militar de la casa Glenallan parecÃa animar e inyectar valor a la decaÃda figura del conde, su lÃder. Éste habÃa solicitado y obtenido, tanto para él como para sus seguidores, la posición que entrañaba mayor peligro; demostró gran vivacidad a la hora de disponer lo necesario e idéntica agudeza al debatir la conveniencia de las medidas tomadas. Y asÃ, el amanecer sorprendió a los consejos militares de Fairport mientras seguÃan debatiendo las precauciones que debÃan adoptar para su defensa.
Finalmente, un grito en la multitud anunció:
—¡Por fin llega el valiente mayor Neville con otro oficial!