El anticuario
El anticuario Efectivamente, una silla de posta arrastrada por cuatro caballos hizo su entrada en la plaza entre los hurras de voluntarios y vecinos. Los magistrados, con sus asesores de lugartenencia, salieron rápidamente a la puerta del Ayuntamiento para recibirlos. Mas cuál fue la sorpresa de todos, en especial del anticuario, cuando vieron que tras aquel elegante uniforme y gorro militar se hallaban la figura y rasgos del pacÃfico Lovel. El anticuario necesitó un cálido abrazo y un afectuoso apretón de manos para convencerse de que sus ojos no le estaban jugando una mala pasada. La sorpresa de sir Arthur no fue menor cuando reconoció a su hijo, el capitán Wardour, en compañÃa de Lovel —o, mejor dicho, del mayor Neville—. Las primeras palabras de los jóvenes oficiales confirmaron con rotundidad a todos los presentes que todo el valor que habÃan desplegado habÃa sido en vano, si bien constituÃa una prueba indudable de su coraje y presteza.
—El centinela de Halket-head —dijo el mayor Neville—, de acuerdo con las investigaciones que hemos llevado a cabo en nuestra ruta, cometió el comprensible error de dar la voz de alarma al ver una hoguera que ciertos individuos ociosos habÃan encendido en la colina de Glenwithershins, justo en la lÃnea del faro que le correspondÃa.