El Monasterio
El Monasterio Se ignora cuándo hubiera concluido de cantar la desconocida, ni a dónde hubiera ido a parar el fraile en aquel viaje, si, por fortuna, la mula no hubiera sido arrastrada hacia un pequeño remanso cerrado a un lado por una esclusa para abastecer de agua los molinos del convento.
En la peligrosa travesía había estado mil veces en peligro de ahogarse, y con los movimientos que hacía el padre Felipe para sostenerse en la silla, el libro de lady Avenel estuvo a punto de caer al agua. El sacristán lo sostuvo; pero, apenas se hubo convencido de que lo conservaba en su poder, cuando la desconocida agarró a su compañero de viaje por el cuello, lo desmontó de la silla y lo zambulló tres veces en el río, soltándolo cuando estuvo bastante cerca de la orilla para que pudiera llegar a tierra sin gran trabajo. El pobre fraile viose en peligro de no volver a ver su convento.
Cuando, al fin, estuvo en seguridad, volvió los ojos a todos lados, y vio que la desconocida había desaparecido; pero oyó una voz que cantaba:
¡Al fin, ha llegado a tierra!
Escapa a todo correr,
pues el que nada conmigo
se ve expuesto a perecer.
Al oír esta canción, el fraile se aterrorizó de tal modo, que perdió la cabeza, y cayó sin conocimiento al pie del muro.