El Monasterio
El Monasterio —¡Oh, os lo entregaré con gusto, reverendo padre, si consigo quitárselo a los niños, cosa que no será muy difÃcil ahora! ¡Pobrecitos! ¡Se les podrÃa arrancar el corazón sin que lo advirtieran, pues están profundamente afligidos!
—Dadles, a cambio, este misal —dijo el padre Eustaquio, sacando de su bolsillo un libro lleno de estampas—: yo mismo les explicaré el significado de esas figuras.
—¡Oh, que lindas pinturas! —exclamó la señora Glendinning, olvidando su dolor—. Este es un libro muy diferente del de lady Avenel, y quizá fuéramos hoy todos felices si vuestra reverencia hubiera venido ayer en lugar del padre Felipe, aunque el sacristán es un hombre poderoso, que parece que con una palabra va a hacer volar la casa; pero, gracias a Dios, los muros son muy espesos.
El fraile pidió su mula, y ya se disponÃa a marcharse, a pesar de las numerosas preguntas que le dirigÃa la viuda acerca de los funerales, cuando presentose en el patio de Glendearg un caballero armado de pies a cabeza.