El Monasterio
El Monasterio —¡Por el amor de Dios, no olvidéis que es un miembro de la iglesia!
—No temo su lanza —dijo el subprior—. Si muero defendiendo los derechos y los privilegios de mi comunidad, el primado castigará su crimen.
—Que no se meta en lo que no le importa —refunfuñó Cristián bajando la lanza y arrimándola al muro—. Si los soldados del condado de Fife, que acompañaron aquà al gobernador en la última guerra, me dijeron la verdad, Norman Leslie es su enemigo, y lo tratará duramente. Norman es un perro que no suelta la presa una vez que ha mordido. Además —añadió, comprendiendo que se habÃa aventurado demasiado—, no tenÃa el propósito de ofender al reverendo padre; soy un soldado y no conozco más que mi lanza y mi estribo. Como no estoy acostumbrado a tratar con sabios y sacerdotes, no es extraño que le haya ofendido, sin pretenderlo, en cuyo caso, le presento mis excusas y le pido su bendición.
—¡Por amor a Dios —suplicó Elspeth al subprior llevándoselo aparte—, perdonadlo! ¿Cómo podrÃamos dormir en paz durante muchas noches pensando que la abadÃa tiene semejantes enemigos?
—Tenéis razón —contestó el padre Eustaquio—: no debe ser causa que estéis intranquila. Soldado, os perdono, y pido a Dios que os conceda su bendición y os haga honrado.