El Monasterio
El Monasterio —PermÃtame Vuestra Reverencia que le suplique —dijo el subprior— que tenga un momento de paciencia hasta que pueda informarme…
—¡Cómo! —exclamó el abad, que no habÃa advertido aún su presencia, e ignoraba su regreso—. ¡Nuestro querido hermano nos ha sido devuelto en el momento en que llorábamos su muerte! No os arrodilléis ante mÃ. Levantaos y recibid mi bendición. Cuando ese malvado llegó a la abadÃa, y, atormentado por sus remordimientos, confesó que os habÃa asesinado, pareciome que la columna principal de nuestra casa se habÃa desplomado. Una vida_tan preciosa no debe permanecer expuesta durante más tiempo en este paÃs fronterizo; un barón tan evidentemente protegido por el Cielo no debe ocupar en la iglesia un puesto tan inferior como el de subprior; escribiré al primado solicitando que os conceda un rápido ascenso.
—Pero —preguntó el padre Eustaquio—, ¿ha dicho ese soldado que me habÃa dado muerte?
—Ha dicho que os habÃa atravesado con su lanza al pasar a vuestro lado a rienda suelta; pero que, cuando caÃsteis de vuestra mula, mortalmente herido, se le apareció nuestra gloriosa patrona, y…