El Monasterio
El Monasterio Como se sabía que había nacido la víspera de Todos los Santos y era una creencia general en Escocia que los que nacen en ese día gozan de cierto poder sobrenatural, los jóvenes de las inmediaciones la llamaban el «espíritu de Avenel». Efectivamente, parecía que su talle fino y ligero, sus mejillas algo pálidas, sus ojos azules y su larga caballera, no eran propios más que de un ángel. La tradición universalmente admitida de una Dama Blanca, protectora de su familia, daba cierto aspecto extraordinario a aquel espíritu rustico. Los hermanos Glendinning, sin embargo, se mostraban ofendidos; y cuando se le daba aquel nombre en su presencia a su joven amiga, Eduardo censuraba esta denominación y Alberto utilizaba la fuerza de su brazo para imponer silencio a los insolentes. En esos casos, Alberto quedaba muy por debajo de su hermano, pues no podía serle de ninguna utilidad en las discusiones, mientras Eduardo, aunque muy distante de querer entablar una pendencia, estaba siempre dispuesto a prestar a su hermano mayor su ayuda cuando se llegaba a vías de hecho.