El Monasterio
El Monasterio El caballero tomó este reproche a buena parte y repuso:
—Joven, tenéis razón; pero mis palabras no las ha motivado el desprecio del techo que me cobija; lo que decÃa era un elogio vuestro; y querÃa hacer entender que si habéis nacido en obscura cuna, no por esto dejáis de poder soportar una viva luz. Una calandria sale de un humilde surco para elevarse hacia el sol lo mismo que el águila cuyo nido está colocado sobre las más altas rocas.
Este hermoso discurso fue interrumpido por Elspeth, quien llenaba apresuradamente el plato de su hijo, sin dejar de reprenderle por su tardanza.
—Tened cuidado —le dijo—, no sea que, recorriendo esos lugares apartados, os encontréis algún dÃa con un ser que no sea de carne y hueso, y que no os ocurra alguna aventura parecida a la de Mungo Murray, que una noche se durmió en el prado de Kirkhill y se despertó al dÃa siguiente en las montañas de Breadalbane; tened cuidado, no sea que rastreando la caza, os encontréis con algún ciervo que os embista furiosamente, como le sucedió a Diccon Thorbum, que se quedó inútil para el resto de su vida; y tened cuidado, no sea que, al pasearos con la espada al cinto, tengáis algún dÃa una querella con alguno que vaya armado de espada y lanza, pues en este paÃs no faltan caballeros que ni temen a Dios ni respetan a los hombres.