El Monasterio
El Monasterio —Lo habrÃa sentido mucho, pues, a fuerza de halagos, ese Avenel me hubiera despojado de todo mi equipaje y desollado vivo, porque dirigÃa miradas codiciosas a mi coraza, y afirmaba que la hoja de mi espada era la mejor templada que habÃa visto en su vida. Asà es, que me vi obligado a partir inmediatamente. Por fortuna, una carta de mi honorable primo me informó de que os habÃa escrito y que os habÃa enviado dos arcas conteniendo una capa de color carmesà forrada de paño de oro, una casaca de seda de color de carne guarnecida de pieles, con la que bailé la danza del salvaje en la última fiesta de la corte; dos pares de…
—Caballero —interrumpió el subprior—, evitaos la molestia de inventariar vuestro guardarropa. Los frailes de Santa MarÃa no son merodeadores, y encontraréis en vuestras arcas todo cuanto contenÃan al llegar al monasterio. Según lo que acabáis de decimos y lo que nos ha dejado adivinar el conde de Northumberland, debemos creer que vuestro propósito al menos por ahora, es guardar el incógnito, procurando apartar de vos la atención, tanto como lo permitan vuestro mérito y vuestro linaje.