El Monasterio
El Monasterio —Desgraciadamente, señor subprior, la hoja más brillante no lanza chispas mientras está en el fuego; el fulgor del diamante más hermoso quedará eclipsado si permanece en su estuche; y eso mismo ocurre al mérito, que, obligado a ocultarse, no provoca la admiración. En mi refugio no llamaré la atención más que del reducido número de las personas a quienes las circunstancias me permitan descubrirme.
—Presumo, venerable padre —dijo entonces el subprior al abad—, que vuestra sabidurÃa trazará a este noble caballero una lÃnea de conducta que no arriesgue su seguridad y sea conveniente a vuestra casa. Ya sabéis los esfuerzos audaces con que se pretende derrocar a la Santa Iglesia; y sabéis también que nuestra comunidad se ha visto amenazada en más de una ocasión. Hasta ahora hemos resistido a los múltiples asaltos de nuestros enemigos; pero el partido que favorece las miras polÃticas de la reina de Inglaterra y las doctrinas heréticas privan actualmente en la corte de Escocia, y nuestra soberana no se atreve a conceder a su sufrido clero toda la protección que quisiera otorgarle.