El Monasterio
El Monasterio «Vais a mostrarme vuestros títulos de nobleza, y, espada en mano, os rendiré pleitesía, como corresponde a personas de honor y de renombre. Mi petición os parecerá razonable. Seguidme, si os place, porque el momento es propicio».
(Peregrinación del Amor).
La mirada que el subprior dirigió, al marcharse, a Alberto Glendinning y el consejo que le había dado por señas, impresionaron y profundamente al joven, pues, aunque menos aplicado y menos aprovechado que Eduardo, lo amaba y lo respetaba, y el escaso tiempo que pudo reflexionar bastó para hacerle comprender que acababa de emprender una aventura peligrosa. No podía apreciar la importancia de la ofensa que había inferido a sir Piercie Shafton; pero comprendía que esta era grave y estaba obligado a arrostrar las consecuencias.
