El Monasterio
El Monasterio La noticia de la muerte de Alberto Glendinning había revuelto toda la casa. María Avenel, cuyo estado exigía atención inmediata, fue transportada a la habitación que antes ocupaban Alberto y Eduardo, pues este último estaba resuelto a vigilar durante toda la noche al prisionero; pero todos habían olvidado a la pobre Mysie, que estaba en la habitación que le servía de dormitorio, ignorando que el comedor, único camino para entrar o salir, estaría ocupado toda la noche por el caballero inglés.
Las medidas adoptadas para convertir esta pieza en prisión habían sido tomadas tan precipitadamente, que solo se enteró de ello al oír el final de la conversación que el subprior sostuvo con el caballero inglés y Eduardo, y a la que al principio no prestó atención.
La timidez le impidió salir mientras el padre Eustaquio estaba en la sala, temiendo que la acusaran de haberse ocultado para satisfacer su curiosidad; pero, cuando la conferencia hubo terminado, el ruido de la puerta, que oyó cerrar con dos vueltas de llave, le hizo comprender que ya no podía retirarse sin ser vista, y dejó de desearlo.
Mysie vio desde el ventanillo de su aposento llegar a la torre gran número de jóvenes armados, a quienes había invitado Eduardo, y esta circunstancia le sugirió el temor de que la vida de sir Piercie Shafton corriera inminente peligro.