El Monasterio
El Monasterio Creyendo que era llegado el momento de poner en libertad a sir Piercie, dirigiose hacia Dan de Howlet-hirst y le pidió las llaves de las puertas de la torre y la del patio.
—¿Qué vais a hacer?
—Ordeñar las vacas y llevarlas a la pradera. ¿Queréis que estén en el establo toda la mañana? La familia está desolada, y no quedan más que la moza de corral y yo para ocuparnos en todo.
—¿Y dónde está la moza de corral?
—En la cocina me espera.
—Pues bien, tomad las llaves, ingrata Mysie.
—Muchas gracias, bribonazo, contestó la molinera; y, de un salto, bajó la escalera.
Correr al cuarto obscuro y disfrazar al caballero con una falda, un vestido y una cofia, de que habÃa tenido el cuidado de proveerse, fue cosa de un momento. Le mandó luego que la siguiera, y seguidamente abrió las puertas de la torre, teniendo la precaución de volver a cerrarlas por fuera.
Como advirtiera sir Piercie que la molinera se dirigÃa al establo, le preguntó algo inquieto:
—¿No es mejor que abráis la puerta del patio y salgamos de aquà lo antes posible, como una pareja de gaviotas en busca de la roca hospitalaria para ponemos al abrigo de la tempestad?