El Monasterio
El Monasterio —Puede decirse cuanto se quiera de esos ingleses; pero ¿dónde hay uno con bastante valor y fuerza para ponerse enfrente de un buen escocés?
La resurrección de Alberto impresionó más profundamente a María Avenel, que, no habiéndose ocupado en toda la mañana más que de su Biblia, había aprendido ya a rezar. Le parecía que sus plegarias habían sido oídas, que Dios se había apiadado de ella y abierto milagrosamente las puertas del sepulcro para que saliera de él el joven por quien tanto había llorado.
Mientras Eduardo se ocupaba en los preparativos de marcha, Cristián de Clint-hill preguntó al subprior qué se debía hacer del predicador hereje; y el padre Eustaquio volvió a pensar en los medios de conciliar sus deberes para con la Iglesia con la compasión que le inspiraba su antiguo amigo, cuya firmeza reconocía y admiraba.