El Monasterio
El Monasterio Necesito ganarle el terreno perdido. Encontraré el rastro, porque la herradura de su caballo es muy particular.
Y, dicho esto, se retiró Cristián.
—¡Necesidad penosa —pensaba el padre Eustaquio— la que nos obliga a utilizar semejantes auxiliares! Pero, asaltados por todas partes como estamos, ¿qué remedio nos queda?
Inmediatamente se puso a escribir las dos cartas que debÃa entregar Cristián, dedicando luego la mayor parte de la noche en pensar en los medios de sostener el sano edificio que amenazaba derrumbarse, como el comandante de una fortaleza sitiada examina los recursos de que dispone para resistir el asedio con que se le amenaza.
Entretanto, el abad Bonifacio, después de suspirar por las grandezas que iba a abdicar, se durmió tranquilamente.