El Monasterio

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En los pueblos pobres la hospitalidad es la primera de las virtudes, y Alberto, al demandarla por una sola noche, no cometió ninguna acción degradante ni extraordinaria. La anciana a quien se dirigió se apresuró a complacerle con tanto mayor agrado cuanto que pretendía encontrarle cierta semejanza con su hijo Saunders, muerto recientemente en una escaramuza. Saunders era pequeño, tenía los cabellos bermejos, la cara granujienta y las piernas torcidas; Alberto era alto, moreno y perfectamente formado.

Sin embargo, a aquella pobre mujer pareciole que el conjunto de las facciones era el mismo, y esta semejanza imaginaria la movió a invitarle a participar de su cena.

En la misma cabaña se había refugiado también un buhonero. Tenía cuarenta años de edad aproximadamente y se quejaba mucho de los peligros de su profesión en estos tiempos de guerra y de zozobras.






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