El Monasterio
El Monasterio —Se habla de los soldados y los caballeros —decÃa—; pero el buhonero que viaja con toda su fortuna a cuestas, necesita más valor que ellos, porque corre más peligros. ¡Dios os proteja, joven! El que os habla se ha arriesgado a llegar hasta aquà porque confiaba en que el bravo conde de Murray se dirigÃa hacia las fronteras, pues, al pasar, debÃa ver al barón de Avenel; pero ahora me entero de que se ha dirigido hacia el Oeste a causa de una querella que se ha suscitado entre los barones del condado de Air. ¿Qué hago? Si me dirijo al Sur sin salvaguardia, el primer merodeador que me encuentre se apoderará de mi bagaje, y, tal vez, me mate; si atravieso los pantanos, puede también ocurrirme alguna desgracia: el cuerpo de caballerÃa del conde de Murray.
Entonces Alberto, acordándose de que era dicho señor a quien debÃa entregar la carta de Warden, manifestó que él también se dirigÃa al Oeste. El buhonero lo miró con alguna desconfianza; pero la anciana, que continuaba creyendo que su joven huésped se parecÃa mucho a su hijo Saunders, que tenÃa afición al merodeo, aseguró al buhonero con una mirada de inteligencia que podÃa fiarse de su primo, porque era hombre honrado.
—¡Primo! —exclamó el buhonero—. ¡Si habéis dicho que no lo conocÃais!
—Cuando no se oye bien, se acuerda uno mal. Es cierto que hasta ahora no lo habÃa visto; pero es de mi sangre. Ved cómo se parece a mi pobre Saunders.