El Monasterio
El Monasterio Al llegar a una eminencia desde la que se dominaba un paÃs salvaje cubierto de arbustos, de pequeñas montañas, y de aguas estancadas, y en el que serpenteaba un camino mal trazado, dijo el buhonero:
—Este es el camino de Edimburgo a Glasgow. Aquà podemos esperar, y, si Murray no ha pasado aún, no tardará en aparecer su caballerÃa, a menos que haya cambiado otra vez de dirección; pues en esta dichosa época nadie, aunque esté tan cerca del trono como el conde de Murray, puede decir al acostarse por la noche, dónde reclinará al dÃa siguiente la cabeza.
Se detuvieron entonces y tomaron asiento, adoptando el buhonero la precaución de colocarse sobre la caja de sus mercancÃas y dejando ver una pistola que llevaba en la cintura. Sin embargo, siguió mostrándose muy cortés, y ofreció a Alberto parte de sus provisiones de boca, que eran, por cierto, bastante frugales, pues consistÃan en un pan de harina de avena, un par de cebollas y un trozo de tocino ahumado.