El Monasterio
El Monasterio Julián mandaba gran número de hombres decididos; y poseÃa bastante fuerza para ayudar a un amigo que lo necesitara, por lo que estaba seguro de encontrar protectores entre los poderosos. Asà es que, por grande que fuera el derecho que tuviese la niña MarÃa a la herencia paterna, su madre viose en la precisión de tolerar, al menos, durante algún tiempo, la usurpación de su tÃo.
Su paciencia y su resignación, impulsaron a Julián, avergonzado de que su cuñada y su sobrina no tuvieran más medios de vida que los que la caridad y la benevolencia de la viuda de un vasallo de la iglesia le proporcionaban, a enviarle un numeroso rebaño de animales de todas clases, probablemente robados a algún ganadero de las fronteras de Inglaterra, y no pocas ropas blancas, telas, muebles y alguna cantidad en metálico. Su manera de vivir le proporcionaba más mercancÃas que dinero contante, por lo que pagaba con más frecuencia en especies que en metálico.
Las dos viudas habÃan simpatizado mutuamente y decidieron no separarse. Lady Avenel desistió, por lo tanto, de buscar residencia más segura y tranquila que la torre de Glendearg, a cuyos gastos generales podÃa ya contribuir; y a Elspeth le encantaba tener en su casa a una dama de tan elevada alcurnia, por lo que trataba a la viuda de Gualterio con respeto mucho mayor de lo que esta hubiera deseado.