Ivanhoe
Ivanhoe Lady Rowena, con tres sirvientas a su espalda entretenidas en peinarla, mientras descansaba sentada en el sill贸n que antes hemos descrito, parec铆a nacida para recibir pleites铆a de todo el mundo. El peregrino, que no quiso ser una excepci贸n, le rindi贸 homenaje mediante una profunda genuflexi贸n.
鈥斆乴zate, peregrino 鈥攍e dijo gentilmente鈥; el defensor de los ausentes se hace merecedor de un recibimiento especial que no dudar谩n en otorgarle todos los que estimen la verdad y el honor. 鈥擸 a帽adi贸, dirigi茅ndose a su cortejo鈥: Retiraos, excepci贸n hecha de Elgitha. Deseo hablar con el santo peregrino.
Las doncellas, sin abandonar la estancia, se retiraron al extremo m谩s alejado. Tomaron asiento en un peque帽o banco apoyado contra el muro y all铆 permanecieron mudas como estatuas, a pesar de que, a tanta distancia, sus murmullos no hubieran turbado la conversaci贸n de su ama.