Ivanhoe
Ivanhoe —Peregrino —dijo la señora, luego de una pequeña pausa durante la cual pareció dudar acerca del modo de dirigÃrsele—; esta noche habéis mencionado un nombre… Me refiero al de Ivanhoe. Le habéis nombrado precisamente entre unos muros donde el sonido de su nombre hubiera de haber tenido mejor aceptación, por naturaleza y parentesco. Pero tan crueles son los designios del destino, que de entre los muchos cuyos corazones han latido al escuchar su nombre, solamente yo me atrevo a preguntaros dónde y en qué condición se encuentra aquél a quien os referÃais… Se dice que tras permanecer en Palestina por razones de salud después de la partida del ejército inglés, sufrió persecución por parte de la facción francesa de la cual los normandos son adictos.
—Conozco poco al caballero Ivanhoe —contestó el peregrino con la voz turbada—; mucho me complacerÃa conocerle más a fondo, desde el momento, señora, que vos os interesáis por su destino. Creo que salió airoso de la persecución de que fue objeto en Palestina y que se halla en vÃsperas de regresar a Inglaterra donde, vos, señora, sabéis mejor que yo cuáles son sus probabilidades de encontrar la felicidad.