Ivanhoe
Ivanhoe —¿Y dónde duerme Gurth, el porquerizo? —preguntó el forastero.
—Gurth ocupa la celda de la derecha, mientras que la del judío está a la izquierda. Vos separaréis al circuncidado del animal que su raza abomina. Mejor habitación hubierais gozado de haber aceptado la invitación de Oswald.
—Ya está bien así —dijo el peregrino—. Difícilmente la contaminación, aún procedente de un judío, puede atravesar una pared de roble.
Y entró en la celda que le estaba destinada; tomó la antorcha de manos del criado, le dio las gracias y le deseó las buenas noches.
Después de cerrar la puerta de la celda, colocó la antorcha en un candelabro de madera e inspeccionó su dormitorio, cuyo mobiliario, sencillo en extremo, consistía en un rústico taburete de madera y una tabla aún más rústica, cubierta de paja limpia y provista de varias pieles de carnero a modo de mantas.