Ivanhoe
Ivanhoe Después de apagar la luz, el peregrino se acostó sin despojarse de sus vestiduras y durmió, o por lo menos permaneció en esta misma postura, hasta que los primeros albores de la mañana penetraron a través del ventanuco que servía para dar ventilación y luz al incómodo habitáculo. Se levantó y, después de rezar sus plegarias y arreglarse la túnica, abandonó la celda. Penetró en la de Isaac, poniendo gran cuidado al levantar el pestillo.
Su ocupante estaba entregado a un sueño bastante agitado sobre un camastro similar al que el peregrino había utilizado para pasar la noche. Las piezas de su vestido, del que se había despojado antes de dormir, habían sido colocadas alrededor de su cuerpo como para ser protegidas de cualquier intento de robo durante las pesadillas de su sueño. La agitación de su rostro lindaba con la agonía. Sus manos se agitaban convulsivas como si lucharan con la pesadilla y, después de proferir algunas exclamaciones en hebreo, pudieron oírse las siguientes en el dialecto normando inglés:
—¡Por el Dios de Abraham, respetad la vida de un infeliz anciano! ¡Soy tan pobre que no tengo ni una miserable moneda…, aunque me descuartizarais, no podría daros nada!