Ivanhoe
Ivanhoe —¡Yo me atreveré! —dijo al tiempo que aproximaba a las barbas del judÃo una badana de tocino que se sacó del coleto, donde la habÃa escondido sin duda con el propósito de utilizarla en caso de que el torneo durara más que la abstinencia que podÃa soportar su apetito. Topando de narices con la carne abominada por su raza, el judÃo retrocedió, perdió pie y allá se fue rodando gradas abajo, mientras el bufón agitaba su espada de madera por encima de su cabeza. Broma ésta que los asistentes juzgaron de primera calidad y celebraron con grandes carcajadas, acompañados por las del prÃncipe Juan y todo su cortejo.
—Otorgadme el galardón de la victoria, ¡oh prÃncipe! He vencido a mi contrincante en noble lucha, con espada y escudo —dijo blandiendo la pieza de tocino en una mano y la espada de madera en la otra.
—¿Quién y qué eres tú, noble campeón? —preguntó el prÃncipe Juan todavÃa riendo.
—Un loco por derecho de herencia —contestó el bufón—; soy Wamba, hijo de Witless, el cual fue hijo de Weatherbrain, hijo a su vez de un magistrado.
—Proporcionad un lugar al judÃo en la primera fila de la grada —dijo Juan, sin duda para mantener en cierto modo su anterior orden—. Colocar al vencido junto a su vencedor serÃa contrario a las reglas de caballerÃa.