Ivanhoe
Ivanhoe Primero: Los cinco mantenedores se comprometían a luchar con quienesquiera que les desafiara.
Segundo: Cualquier caballero dispuesto a entrar en liza podía, si tal era su deseo, escoger contrincante sencillamente tocando con su lanza el escudo del mantenedor elegido. Si lo hacía con la parte inferior quedaba entendido que la confrontación se efectuaría con las llamadas «armas de cortesía», es decir, con lanzas de punta roma a las cuales iba añadida una pieza de madera en su extremo superior, por lo que del encuentro no podía derivarse otro peligro que el del choque de caballos y jinetes. Pero si el escudo era golpeado con el rejón de la lanza, se entendía que el combate era a ultranza, o sea, que los caballeros se verían obligados a pelear con las armas dispuestas como si de una verdadera batalla se tratara.
Tercero: Cuando los caballeros hubieran cumplido su voto de quebrar cinco lanzas cada uno de ellos, el príncipe debía nombrar al vencedor del primer día del torneo, el cual recibiría como premio un caballo de batalla de exquisita estampa y extremadamente vigoroso y, por añadidura, y en recompensa a su valor, sería merecedor del privilegio de nombrar a la reina del amor y de la belleza, de manos de la cual recibiría el premio al día siguiente.