Ivanhoe
Ivanhoe Los gritos de la multitud, las aclamaciones de los heraldos y el clamor de las trompetas anunciaron el triunfo de los unos y la derrota de los otros. Los primeros se retiraron a sus respectivos pabellones, mientras que los segundos, alzándose del suelo como pudieron, abandonaron el palenque entre el desprecio general y con la vergüenza de la derrota, para ir a tratar con los vencedores acerca de la suerte de sus armas y monturas que según las leyes del torneo habían perdido. Sólo el quinto de la partida permaneció el tiempo suficiente en el palenque para recibir el aplauso de los espectadores, y, recibiéndolos, se retiró aumentando sin duda con ello la mortificación de sus compañeros.