Ivanhoe
Ivanhoe —El vencedor —dijo De Wyvil— está esperando todavÃa la gracia de Vuestra Alteza.
—Es nuestra gracia —contestó Juan—, que espere hasta saber si alguien puede por lo menos aventurar su nombre y rango. Aunque le tengamos aquà hasta el atardecer, ha trabajado lo suficiente como para no resfriarse.
—Vuestra Alteza —dijo Waldemar Fitzurse— hará un flaco favor al vencedor si le obliga a esperar hasta que digamos algo que no podemos saber, por lo menos en lo que a mà concierne. A no ser que se trate de una de las buenas lanzas que acompañaron al rey Ricardo a Palestina y que se encuentre de regreso de Tierra Santa.
—PodrÃa tratarse del conde de Salisbury —dijo De Bracy—; su aspecto es parecido…
—Más se parece a sir Thomas Multon, caballero de Gisland —dijo Fitzurse—; el de Salisbury es más recio. —Un murmullo se levantó en la comitiva sin poder asegurar quién lo inició—: PodrÃa tratarse del rey…, podrÃa ser Corazón de León en persona.
—¡Por los santos mandamientos! —dijo el prÃncipe Juan, pálido como la muerte, bizqueando como si hubiera sido cegado por un relámpago—. ¡Waldemar! ¡De Bracy! Bravos y nobles caballeros, recordad vuestros juramentos y sedme fieles.