Ivanhoe
Ivanhoe —¿Doscientos cequÃes, solamente? —exclamó el bandido—. Tu señor ha tratado a los vencidos con generosidad; no hay duda, por lo que dices, que muy poco rescate les ha exigido. Nombra a los que tuvieron que dar oro.
Asà lo hizo Gurth.
—¿Y qué rescate pagó Brian de Bois-Guilbert por su caballo y armadura? Ya ves que no puedes engañarme.
—Mi señor —contestó Gurth—, nunca tomará nada del templario a no ser la sangre de sus venas. Están desafiados a muerte y entre ellos no ha lugar la cortesÃa.
—Claro —contestó el ladrón—. ¿Y qué estabas haciendo en Ashby con tal cantidad de dinero?
—Fui a pagar el precio del caballo y la armadura con que el judÃo Isaac de York proveyó a mi señor para el torneo.
—¿Y cuánto le pagaste a Isaac de York? A juzgar por su peso, pues todavÃa restan doscientos cequÃes en esta bolsa.
—Pagué ochenta cequÃes a Isaac, y él me reintegró cien.
—¿Cómo? ¿Qué? —exclamó toda la cuadrilla a la vez—. ¿Intentas burlarte de nosotros? ¿Acaso pretendes que nos traguemos tan desmesuradas mentiras?