Ivanhoe
Ivanhoe —¿Cuál es tu nombre, arquero? —preguntó el prÃncipe ruborizándose.
—Locksley —contestó éste.
—Bien, Locksley; después de que estos arqueros hayan tirado, vendrá tu turno. Si les superas, añadiré veinte doblones al premio; pero si sales derrotado se te desnudará y se te arrojará al palenque para que sufras unos azotes, que se te administrarán con cuerdas de arco en castigo de tu parlanchina insolencia.
—¿Y qué ocurrirá si rehúso tal apuesta? Encontrándose la autoridad de Vuestra Majestad respaldada por tanta gente de armas, puede en verdad hacerme desollar, pero no veo cómo podrá obligarme a tensar y disparar mi arco.
—Si no aceptas mi proposición, el preboste de campo destrozará tu arco y flechas y te expulsará como si de un cuervo cobarde se tratara.
—Flaco favor me hacéis, orgulloso prÃncipe, obligándome a poner en peligro mi integridad si no consigo superar a los mejores arqueros de Staffordshire y Leicester. De todos modos, os complaceré.
—No le perdáis de vista —dijo el prÃncipe Juan—. Su ánimo desfallece. No me extrañarÃa que intentara evitar el enfrentamiento. Y vosotros, amigos mÃos, afinad la punterÃa; en vuestra tienda encontraréis un cabrito asado y un tonel de vino cuando hayáis ganado el premio.