Ivanhoe
Ivanhoe Se colocó el blanco en la parte superior de la avenida que por el sur conducía al palenque. Los contendientes ocuparon sus sitios por turno, en el lugar opuesto ante la puerta sur; la distancia entre diana y tirador era la adecuada para el tiro largo. Los arqueros tenían que disparar tres veces después de sorteado el orden de intervención. Controlaba los ejercicios un oficial de segunda categoría llamado «preboste de los juegos», ya que no era digno de la categoría de los mariscales de campo controlar los ejercicios del pueblo llano.
Los arqueros, uno por uno, tensaron sus arcos y arrojaron sus flechas con decisión y campesina habilidad. De veinticuatro flechas disparadas, diez dieron en la diana y las otras tan cerca de ella que, dada la distancia a que estaba el blanco, podían ser considerados como buenos tiros. De los diez dardos que hicieron diana, dos habían salido del arco de Hubert, un guarda forestal de Malvoisin, que, en consecuencia, fue declarado vencedor.
—Y ahora, Locksley —le dijo el príncipe Juan al rudo campesino con una sonrisa intencionada—, ¿deseas competir con Hubert, o, por el contrario, prefieres dejar arco, flechas y carjaj a disposición del preboste de los juegos?
—Si no hay opción, me alegraré de probar suerte bajo la condición de que cuando haya disparado dos veces contra el mismo blanco de Hubert él se vea obligado a disparar contra el que yo proponga.