Ivanhoe
Ivanhoe —Más que correcta es la proposición —contestó el prÃncipe—, y no puedo negártela. Si derrotas a este charlatán, llenaré el cuerno de monedas de plata —le dijo a Hubert.
—Uno hace lo que puede —contestó Hubert—, pero mi abuelo supo manejar el arco en la batalla de Hastings y yo trataré de no manchar su memoria.
El blanco fue reemplazado por otro nuevo e intacto. Hubert, que, como vencedor de la primera fase de la prueba tenÃa el derecho de disparar primero, hizo punterÃa con gran esmero, apreciando la distancia con la vista mientras el arco se doblaba en su mano y en la otra sostenÃa el cabo de la flecha contra la cuerda tensada. Al fin avanzó un paso y estirando por completo el brazo levantó el arco hasta que la empuñadura se encontró a la altura de su rostro; entonces tensó la cuerda hasta tocar su oreja. Silbó la flecha y dio en la diana, pero no en el justo centro de ella.
—De haber contado con el viento —dijo su antagonista—, hubiera resultado un tiro perfecto.
Apenas pronunciadas estas palabras, sin detenerse a considerar el blanco, Locksley ocupó su sitio y dejó escapar la flecha con tan poca preocupación que, aparentemente, dio la impresión de no haberlo ni siquiera mirado. De hecho todavÃa estaban hablando cuando la cuerda impulsó la flecha y fue a dar dos pulgadas más cerca de la diana que el dardo de Hubert.