Ivanhoe
Ivanhoe Y asà diciendo, de nuevo dobló su arco, pero en esta ocasión lo revisó atentamente antes de usarlo y cambió la cuerda por considerar que habÃa perdido elasticidad debido a los dos tiros anteriores. Hizo punterÃa mientras la multitud contemplaba el suceso con el aliento contenido. El arquero hizo honor a las esperanzas que en su destreza habÃan depositado. La flecha partió en dos la vara contra la cual iba dirigida. Jubilosas aclamaciones saludaron la proeza, e incluso el prÃncipe Juan, bajo los efectos de la admiración que tal habilidad le causaba, cedió un tanto en la animadversión que hacia él sentÃa.
—Estas veinte monedas —dijo—, que junto con el cuerno de caza has sabido ganar tan limpiamente, son tuyas y las aumentaremos a cincuenta si quieres vestir mi librea y entrar a mi servicio como arquero de mi guarda personal, y mantenerte a mi lado, porque nunca mano tan segura empuñó un arco ni ojo tan certero dirigió una flecha.
—Perdonadme, noble prÃncipe —dijo Locksley—, pero hice voto que si alguna vez entro al servicio de alguien lo haré a las órdenes de vuestro real hermano el rey Ricardo. Estas veinte monedas se las cedo a Hubert, que hoy ha sabido manejar el arco con destreza comparable a la de su abuelo en Hastings. Si su modestia no le hubiera compelido a abandonar, hubiera dado en la rama tal como yo lo acabo de hacer.