Ivanhoe
Ivanhoe Y seguidamente se levantó, para abandonar la sala del banquete seguido de Athelstane y de varios otros cortesanos de linaje sajón, que se habÃan sentido también ofendidos por los sarcasmos del prÃncipe Juan y sus cortesanos.
—¡Por los huesos de santo Tomás —exclamó el prÃncipe Juan mientras se retiraban—, los malandrines sajones nos han ganado la partida en este dÃa y se retiran vencedores!
—Conclamatum est, poculatum est —dijo el prior Aymer—. Hemos bebido y hemos gritado, ya es hora de que abandonemos las jarras de vino.
—El monje, esta noche debe de consolar a alguna bella penitente, ya que tiene tanta prisa en partir —dijo De Bracy.
—No es exactamente cierto, caballeros —replicó el abad—; pero todavÃa debo recorrer algunas millas para llegar a mi albergue esta noche.
—Están muertos de miedo —murmuró el prÃncipe Juan al oÃdo de Fitzurse—, y este miedo anticipa lo que va a suceder. Este cobarde prior es el primero en abandonarme.
—No temáis, milord —dijo Waldemar—. Yo le expondré tales razones que no podrá negarse a reunirse con nosotros en York. Señor prior, debo hablar con vos en privado antes de que montéis vuestro palafrén.