Ivanhoe
Ivanhoe El lugar donde se encontraba el caballero no era lo más apropiado como refugio, y parecía obligado a echar mano del recurso habitual de los caballeros andantes, que consiste en dejar suelto al caballo para que pazca mientras el jinete se dedica a pensar en la dama de sus sueños sin más cobijo que una encina. Pero el Caballero Negro, o no tenía dama con quien soñar o era tan indiferente al amor como parecía serlo en la guerra, para que las reflexiones sobre la crueldad y belleza de su dama, por apasionadas que fueran, consiguieran paliar los efectos del hambre y de la fatiga. Por otra parte, no admitió el amor como sustituto de una mullida cama y una buena cena. Por esto se sintió decepcionado cuando al observar a su alrededor se vio rodeado de bosques moteados, eso sí, por numerosos claros y senderos, pero todos ellos de tal naturaleza que parecían abiertos por los numerosos rebaños que pastaban en los contornos o por piezas de caza mayor.